03 marzo 2015

Mujer Pública

Mi libertad termina donde inicia mi pasado.

O al menos así debiera ser, pero me resisto, me resisto a caber en el molde que se construyó para mi. Empecé a escribir a los 14 años pero hasta hoy siento la necesidad imperiosa de adjudicarme el derecho de hacer públicos mis pensares, es entonces cuando cabe la frase de “Mujer que publica, mujer pública”. Soy mucho más que una hija, una novia, una amiga, una amante… soy mucho más, soy una mujer con la capacidad de transmutarme en todas las voces surrealistas que deambulan en mi cabeza.

Escribir no debe ser algo autobiográfico, no siempre, no para todo, escribir para mi es algo de esquizofrenia, es la manía loca de hablar por mis múltiples personalidades, de hablar por las vidas que vivo y por las que quisiera vivir. Mi tiempo en esta tierra será relativamente breve, pero no mis pensamientos.

Podría escribir sólo para mi, para mi terapia, pero eso sería tan absurdo como encender una vela y meterla en una caja oscura, no habría luz.

Y es que, ¿quién, quién tiene el derecho de acallar mi cerebro?


De hoy en adelante quiero ser una mujer pública, tan pública como la puta canonizada de Sabines, es desquiciante temer al rechazo y a las críticas por culpa de unas letras que no se pueden quedar encerradas, ¡No!, quieren bailar en el papel, y las voy a dejar hacerlo. ¿Quién, quién soy yo para impedírselo?

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